¿Quién era Billy Milligan, el hombre de las 24 personalidades?

Por Story Teller
¿Quién era Billy Milligan, el hombre de las 24 personalidades?

El hombre con el trastorno de identidad disociativo más complejo de la historia.

¿Quién de nosotros, insatisfecho con lo que ordinariamente somos, no ha deseado nunca borrarlo todo, emprender un largo viaje, irse lejos y empezar de nuevo con una nueva vida, un nuevo nombre y una nueva personalidad? ¿Y si tuviéramos, en cambio, la posibilidad de vivir múltiples vidas a la vez? Sería una idea descabellada o, quizás, simplemente una forma de enfermedad.

William Stanley Milligan, el criminal estadounidense más conocido como Billy Milligan, que no es un psicópata cualquiera, sino el caso de disociación de personalidad más controvertido de la historia.

Su vida ha influido e intrigado en varios campos del arte: el teatro, con una obra italiana de Cinzia Tani titulada 24 veces Billy; la literatura, con el libro The Mind of Billy Milligan-A Roomful of People, de Daniel Keyes; y, por último, el cine.

Billy Milligan tuvo una vida difícil

Su infancia fue especialmente dramática. Nació en Miami el 14 de febrero de 1955 y poco después de su nacimiento, su madre Dorothy y su padre -un cómico con problemas financieros, de alcohol y de juego- se separaron.

Con sólo un mes de edad, Billy estuvo a punto de morir de cáncer de esófago. Cuando aún no tiene cuatro años, su padre se suicida, por lo que su madre y sus tres hermanos deciden trasladarse a otra ciudad. Dorothy se vuelve a casar con un hombre perturbado, Chalmer, que a partir de 1963 comienza a a-b-u-s-a-r s-e-x-u-a-l-m-e-n-t-e de Billy, que en ese momento sólo tiene ocho años. Precisamente a causa de esa infancia infeliz, Billy empieza a padecer, de niño, trastornos disociativos caracterizados por una discontinuidad en la integración normal de la conciencia, la memoria, la identidad, la emoción, la percepción, la representación corporal y el comportamiento. Su adolescencia no fue ciertamente pacífica.

El caso de Billy Milligan es único

El caso de Billy Milligan es único porque las personalidades que pueblan su mente no son sólo dos, sino veinticuatro.

Cuando sólo tenía 15 años, ingresó por primera vez en un hospital psiquiátrico, el Columbus State Hospital, donde el Dr. Harold T. Brown le diagnosticó «neurosis histérica con aspectos pasivo-agresivos».

Su vida se mueve en un continuo estado de confusión y ausencia, mientras que la lucidez se limita a unos breves momentos en los que intenta suicidarse: el primero de los innumerables intentos tiene lugar cuando Billy tiene sólo 16 años. Sin embargo, cada vez, aquellas de sus personalidades más fuertes y «dominantes» toman el control de su persona y le impiden acabar con todas las conciencias que se alternan en su interior.

En el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, la patología de Billy Milligan se define como trastorno de identidad disociativo, y se caracteriza por la presencia de dos o más identidades o estados de personalidad distintos (cada uno con sus propias formas de percibir, relacionarse y pensar sobre sí mismo y su entorno). Pero el caso de Billy Milligan es único porque las personalidades que pueblan su mente no son sólo dos, sino veinticuatro.

Billy comienza a mostrar los primeros signos de la enfermedad

Billy comienza a mostrar los primeros signos de la enfermedad cuando es un niño. Uno de los síntomas más evidentes que caracterizan la enfermedad es la amnesia disociativa: Billy parece tener dificultades para recordar cosas y parece estar ausente.

Ya a la edad de cuatro años, es evidente que hay dos personalidades en Billy: Christene, una niña disléxica de tres años que surge cada vez que se le regaña o se le castiga, y Shawn, un niño sordo de cuatro años que emite un extraño zumbido por la boca para detectar las vibraciones de su cráneo.

A medida que los acontecimientos se suceden, contribuyen a crear nuevas piezas de este mosaico, a dar lugar a nuevas personalidades y nuevas obsesiones. Un ejemplo es Danny, un chico de 14 años al que le encanta pintar bodegones. Nació durante el periodo de abusos de su padrastro y está subyugado por dos fobias: la de los hombres por la violencia de Chalmer y la de la tierra porque, un día entre mil torturas, su padrastro le obliga a cavar un agujero para enterrarlo vivo.

A medida que crece, las identidades en el interior de Billy son cada vez más numerosas: proceden de diferentes ciudades y tienen edades distintas, intereses diferentes y características opuestas: está Christopher, de 13 años, hermano de Christene; Ragen Vadascovinich, de 23 años, un yugoslavo con una fuerza increíble y realmente capaz de hablar serbocroata; Arthur, de 22 años, de Londres, que, en cambio, habla y escribe correctamente el árabe; o Adalana, que es lesbiana, y Philic que, por el contrario, es homófobo.

Para hacer aún más curioso este increíble caso, parece que las personalidades de Billy se conocen entre sí y han establecido una especie de código ético entre ellas que se basa en cinco reglas principales: no decir mentiras; proteger a las mujeres y a los niños; observar la castidad; mantenerse intelectualmente activo -cultivar múltiples intereses y estudiar su propio campo de especialización- y no violar la propiedad de otras personalidades.

¿Por qué Billy Milligan se ha convertido en un caso mediático además de clínico?

«Ahora me doy cuenta […] de que cuando la policía vino a buscarme a Channigway, en realidad no me detuvieron. Me he salvado. Lamento que la gente tuviera que sufrir antes de que eso ocurriera, pero siento que después de veintidós años Dios finalmente decidió sonreírme. «

Del libro Una habitación llena de gente, de Daniel Keyes.

Billy ha tenido problemas con la ley desde su adolescencia: la primera vez que lo detienen -por agredir, secuestrar y violar a dos prostitutas- tiene 17 años. Al primero le siguieron otros delitos: robo de drogas, atraco a mano armada y asaltos en varias paradas de descanso en los condados de Fairfield, Californie y Hocking (Ohio); pero el colmo llegó con su detención, el 27 de octubre de 1977, acusado de secuestrar, violar y robar a tres estudiantes de la Universidad Estatal de Ohio en plena madrugada.

Después de que David, una de sus personalidades, revele la existencia de las otras 23 identidades al psiquiatra encargado de su juicio, las peculiaridades de Billy empiezan a surgir rápidamente.

Así, comienza a someterse a terapia y, durante su estancia en el pabellón psiquiátrico del Hospital Harding de Worthington (Ohio), consigue finalmente fusionar sus personalidades y desarrollar otra, omnisciente, a la que llamará Maestro. Esta artimaña consigue permitirle mantener temporalmente un estado de integridad que, poco después, debido a la tensión del juicio y a la depresión previa, acabará por desintegrar la personalidad única, haciendo que vuelvan a surgir las 23 identidades diferentes.

Un documental producido en 1985, cuando Milligan luchaba contra la justicia en Ohio.

¿Pero quién es realmente William Stanley Milligan?

El caso de Billy tiene algo de angustioso pero a la vez de delicado, como un complicado equilibrio que corre constantemente el peligro de romperse y derrumbarse. ¿Estamos realmente tan seguros de nuestra noción de conciencia y de su singularidad? ¿Podemos decir que Billy era sólo una persona y que las otras 23 personalidades no existen? Seguramente aún no conocemos del todo las capacidades de nuestro cerebro y, quién sabe, quizás seamos capaces de «jugar» con el tiempo y el espacio mucho más de lo que ahora podemos imaginar.

Cada día, la medicina, la química y la física dan pasos extraordinarios, y cuando trabajan juntas en sinergia, logran resultados aún más sorprendentes. La física, en particular, nos enseña que de vez en cuando es necesario cuestionar todo lo que creemos saber distorsionando nuestro punto de vista. Para intentar aclarar esto, podemos tomar una pista de la propia física: la palabra entanglement significa literalmente «maraña», «enredo». En mecánica cuántica, este término expresa la no separabilidad de los elementos de un sistema, es decir, la correlación entre cantidades físicas a cualquier distancia.

Empecemos por el principio

Empecemos por el principio: en 1964, el físico John Stewart Bell demostró la incompatibilidad entre los principios físicos de localidad y realidad, las piedras angulares de la física hasta ese momento – para que una cantidad física sea real, debe ser posible establecer su valor con certeza, sin perturbar el sistema en el que se encuentra.

La noción de localidad nos dice que los objetos distantes no pueden tener una influencia directa entre sí porque toda la información viaja con una velocidad que tiene un límite, que no es infinito. Sin embargo, cuando intento observar una cantidad en el marco de la mecánica cuántica, mi operación de medición la perturba drásticamente: no puedo determinar el estado en que se encuentra con absoluta certeza y precisión, tengo una cierta probabilidad de que sea una cosa y no otra.

Entonces tengo dos posibilidades

Entonces tengo dos posibilidades: o bien la descripción de un determinado fenómeno proporcionada por la mecánica cuántica no es completa, o bien las dos cantidades no pueden ser simultáneamente reales. Asumir la validez de ambas opciones nos hace caer en un absurdo e inextricable «enredo».

El mismo enredo parece aplicarse al mundo de la neurociencia. Como ya explicamos en otro de nuestros artículos, «en un sistema tradicional (es decir, no cuántico), predecir el futuro del sistema es una operación bastante sencilla porque una partícula ocupa una posición única y específica en un momento dado. En cambio, en un sistema cuántico, una partícula puede ocupar dos posiciones diferentes al mismo tiempo, una propiedad conocida como principio de superposición».

La física nos enseña cómo, de vez en cuando, es necesario cuestionar todo lo que creemos saber y torcer nuestros puntos de vista.

A principios de la década de 1990, el físico y matemático Roger Penrose y el anestesista Stuart Hameroff comenzaron a investigar la estructura de la conciencia humana, lo que llamaron «El duro problema de la conciencia», precisamente mediante la mecánica cuántica.

Según su teoría, la conciencia se origina en el cerebro, concretamente en el citoesqueleto: un andamiaje de filamentos proteicos muy finos que da forma a las neuronas. Estos filamentos se llaman microtúbulos y, según Hameroff, son los que soportan el procesamiento cuántico y son capaces de mantener una conexión instantánea que no depende de la distancia entre las distintas células.

La subunidad que compone estos órganos celulares es una proteína, la «tubulina», que puede compararse con los bits de un ordenador, o más bien con los bits cuánticos llamados qbits. Cuando los microtúbulos del cerebro están «enredados» entre sí, los qbits son capaces de permanecer en superposición cuántica durante un cierto tiempo, es decir, la tubulina es capaz de asumir varias configuraciones geométricas y temporales al mismo tiempo.

La valiente teoría de estos dos científicos ha sido corroborada recientemente por un equipo de investigación del Instituto Nacional de Ciencias de los Materiales de Tsukuba (Japón), que ha sido capaz de detectar vibraciones cuánticas justo en el interior de los microtúbulos neuronales.

El propio Hameroff se pregunta

El propio Hameroff se pregunta: «El origen de la conciencia refleja nuestro lugar en el universo, la naturaleza de nuestras existencias», explica. «¿Evolucionó la conciencia a partir de un complicado algoritmo entre las neuronas del cerebro humano como afirman la mayoría de los científicos? ¿O, en cierto sentido, el alma siempre ha estado aquí, como afirman los enfoques más metafísicos?»

Y es precisamente la cuestión planteada por el propio científico la que nos lleva de nuevo a nuestra pregunta inicial. Si el propio padre de la teoría no se siente capaz de excluir ninguna posibilidad sobre el estado de conciencia -sobre su unicidad o su multiplicidad-, ¿cómo podemos juzgar que Billy no era realmente Danny o Christene?

Las distintas personalidades de Billy poseían información distinta entre sí, conocimientos propios, y parecían proceder de lugares distintos y tener edades diferentes.

La batalla entre la singularidad y la multiplicidad es algo que luchamos cada día. Piensa en la teoría del Multiverso. Como leemos en otro artículo de Motherboard: «Miles de millones de universos -y galaxias y copias de cada uno de nosotros- se acumulan sin posibilidad de comunicación entre ellos ni de poder comprobar nuestra propia realidad», […] «Pero si en cada universo existe una copia de nosotros mismos y hay infinitos, ¿cuál es el verdadero ‘yo’ que estoy experimentando ahora? ¿Se prefiere una versión de mí mismo a otra? ¿Cómo voy a saber cuál es la «verdadera» naturaleza de la realidad si una versión de mí apoya la existencia del multiverso y otra no?»

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